Lo escribí entre dos sueños que hablaban de tu piel de tierra

Si te vienes conmigo
prometo hacerme llama
e iluminarte los rincones;
abandonar el pasado
abandonándome a un futuro contigo.

Por ti
aprendería a cocinar,
y a contar historias
para llevarte lejos.
Que fundemos un planeta,
y coserte el cuero cuando te desgarres
mientras te digo: mira, tonto,
se hace así.
Y plantarte tulipanes en el pecho.

Por tus dedos,
me limaría las espinas.

Que yo nunca te duela, que
nunca sangres.

No puedo dormir.
Pienso que me abrazas por la espalda
-apartando la tormenta,
reduciéndola a ruido-,
y me cago en tu puta vida.

Siendo inoportunos

Yo no tengo la culpa
de rimar con tus dedos,
de que levantes primaveras
cuando pasas,
ni de que me hayas
devuelto la poesía.

Sin embargo,
cualquier cosa que dijeras me valdría
para lanzarme a tu boca.

Así me rindo a tu risa de barítono
como si no tuviera cicatrices
y me dejo conducir
hacia la guerra de la tercera persona,
de la quinta mano,
del bar del noreste,
-a mano izquierda-
donde nadie nos viera
quitarnos la ropa y arrancarnos la piel
con los ojos
para lamer el corazón desde dentro.

La guerra
de los que bailan
el roncanrol de los idiotas:
locos por naufragar,
pero siendo inoportunos.
De los que bailan
sin que les esté permitido
bailar.

¿Dónde van los sueños que se olvidan?

Sería lindo volverte loco,
enredarme en tu cabeza,
ocuparlo todo,
poner mi nombre
a las paredes de tu casa,
y llenarte de amapolas la almohada
para que sueñes más bonito.

Sería lindo volverme loca,
conquistarte
-batalla a batalla-
para, después,
luchar contigo
contra todos los cuerdos
y los precavidos.

O que estuvieras aquí dentro,
dejándote abrazar por la espalda.
Que son las cinco de la mañana,
no puedo dormir,
y tengo frío.

Sonaba ‘Stairway to heaven’, pero era mentira.

Eres tan lindo,
que me cago en la puta cada vez que te miro
y me invaden estas ganas
tan fuertes
de comerte la boca
y decirte que te quedes, que
voy a hacerlo todo bonito y voy
a pintar las paredes de flores
para que te quedes; y que
voy a follarte como si no te quisiera pero después
voy a abrazarte como si fueras
el último resquicio de vida que me queda.

Tan lindo,
que me cago en la puta cada vez que te miro
y te descubro leyéndome las líneas corporales
y sonriendo, como queriéndome decir
“he venido
a joderte la vida”
mientras a mí, en el pecho,
se me desboca un animal indomable.