Cosas que no quiero romper

La pasión es una ruina
y el amor es otra cosa
que no han tenido el placer de presentarme.

Sé que existe
sólo porque es la mitad
del desamor.
Y porque algo de él
hay en todos los sufrimientos.

Vengo a decirte lo que ya no podré decirte nunca.

Si te abraza el aire
sigo siendo yo
con esta sangre por la que corres
para agarrarte a los latidos
y convulsionarme cada minuto de existencia.

Me he malbaratado tantas veces,
me he vendido tanto siendo tan joven,
que este no vivir -o desvivirme-
es casi una rutina
a la que ya no me resisto.

Vengo a decirte lo que ya no podré decirte nunca.

Sigo siendo yo,
igual de descarnada
con la piel dada la vuelta
y los ojos siempre a punto de estallar en agua.

Si algún día me piensas,
si algún día te miras al pecho,
sigo siendo yo
al otro lado del planeta
con el teléfono en la mano
esperando a que algo pase en tu cabeza
y me llames.
Y sigo estando hundida
en el vacío de tu lado de la cama.

Sigo siendo yo
sólo que ahora
estoy un poco más callada
porque hay cosas que no quiero romper.

Anuncios

Doblar la esquina

Se me desploman sobre las sienes
los fríos mármoles de Bloomsbury,
las marcas y
toda esta gente
andando tan rápido
-no sé hacia dónde pero sé
que no es hacia delante-.
La voz de la mujer que canta las paradas
en la planta de arriba del autobús,
el agua arremetiendo contra los cristales y
este monstruo de ciudad levantado sobre el fango,
se me desploma.

En mi vida sin ti
soy un poco más puta
y he levantado muros
que no (me) permiten mirar hacia dentro.
En mi vida sin ti
hay paz pero no hay aire,
ni poesía
-como era de esperar, pues
guardas toda la poesía en tus ojos,
que no me miran más-

Vivo.
O algo así.
Frío patatas, hago crucigramas,
bebo cerveza, me río,
dejo pasar las horas en un colchón
tirado en el suelo,
con él,
busco abrazos por ahí,
miro las nubes y renazco.

A veces lloro -también-
cuando sueño contigo,
cuando me acuerdo
de que ya no me escribes poemas
-ni siquiera me llamas-
por mi cumpleaños
y me pregunto cómo las cosas
pueden cambiar tanto. O,
cuando alguien me pregunta:
“¿qué es lo más bonito que has visto en tu vida?”
y yo sigo pensando en tus ojos,
y en la forma que tienes de reírte
porque
se me han olvidado todas las cosas
por las que me mataba
y todas las cosas
por las que me moría.

Casi no me queda nada
de lo que fui antes de ti
pero me queda
este amor tan inmenso, tan
irreprochable;
este mirarte desde lejos
-a través del cristal
de todas esas cosas tan importantes
que no son yo
y que tienes que atender-;
este implorarle, tan fuerte
y tan callada, a las nubes
que te hagan feliz por mí
que, desde alguna parte,
te miro y veo
cómo tu espalda se hace pequeña y cómo
estás a punto
de doblar la esquina.

Porque llueve
y no vas a venir,
ni vas a llamar,
ni vas a responder si llamo.

Devuélveme toda la poesía
que esto
no es lo que habíamos acordado.

No es que no te crea, es que
te estoy viendo
doblar la esquina.