Ah, pues mira, no me muero sin ti

Ya nunca estás
y a ratos
te olvido.

Me sangra tu risa en el costado y te amo tanto como antes pero, con los años, he aprendido a perder, a mostrar mis cartas, a abrazarme el llanto y recomponerme.

Tus ojos siguen siendo los más bonitos del planeta pero no voy a dejar que me maten a balazos de indiferencia, ni voy a coger aviones persiguiéndolos a cambio de nada.

Te echo tanto de menos que si sueño es sólo con tenerte cerca, pero no voy a implorarte que vuelvas.

Si no vuelves por ti, por mí, por los dos, te pueden dar mucho por el culo, porque aunque me quiera quedar a vivir en tu mirada, no me vas a llevar a la mierda contigo.
Porque, con los años, he aprendido a respetarme.
Porque, entre tus idas y venidas, lo único que me queda, soy yo.
Y sigo valiéndome más de lo que me vales

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El corazón me suspira de alivio cada vez que la pantalla se ilumina con tu nombre

Tanto, tanto, tanto te echo de menos que me están saliendo alas para ir a buscarte y se me está abriendo en el pecho un vacío con la forma de tu nombre por esos abrazos de anaconda que me dabas -así como si pudieras meter mi cuerpo dentro de ti a base de empujarlo contra tu pecho-, y por esa forma en la que me agarrabas la carne de las caderas, como queriendo llevar el desnudo más allá, desgajándome la piel, para asomarte a entender todo esto que se me mueve por dentro.

Quiero decir que
me he tirado toda la noche leyendo a Orwell
y pensando en el verde de tus ojos,
en cómo se expande todo con tu risa,
en que ayer fue tu cumpleaños
y querría haberme emborrachado contigo,
en que te salvaría la vida
un millón de veces más,
a costa de mi pecho.

Te echo tanto, tanto, tanto de menos, que se me ha puesto el corazón en huelga

Me siento enfrente de tus ojos, me agarro a tus palabras -casi todas monosílabos- y juego a descifrar lo que pasa en tu cabeza.
Y así se me hacen viejos los relojes.

Me enamoré del enigma cuando aquello que había abandonado por incongruente cobró sentido tiempo después en una frase, o en un beso -no recuerdo bien- y tuve que dar media vuelta y aceptar que te había dado por perdido injustamente y antes de tiempo.

Colándome por tus entresijos y tus entretelas descifré alguna ecuación de las que te forman y me volví adicta a (tratar de) desenredar el hilo.
Follarte siempre es resolver un acertijo, porque te vuelves agua y eres transparente y te atravieso y te miro desde dentro y te agarro la consciencia y cierro el puño hasta que te rindes y te dejas resolver.

Lo que somos tú y yo, sólo lo somos tú y yo en este puto mundo. Y no hay nadie que lo entienda.
Mis manos desliando tu cabeza, tus manos enredándome el corazón, mientras nos miramos muy atentamente a los ojos buscando una reacción, que casi siempre resulta ser un amor desbocado en silencio hacia el otro.
Me lees como a cualquier otra metáfora sencilla y disfrutas cuando me descubres esperando el beso, desde mi margen, lejos, sin hacer ruido y sin mucha fe en que vuelvas, a pesar de que siempre vuelves y ya debería tenérmelo aprendido.

Te amo tanto que te llevo corriendo por las venas, empapándome el corazón y marcándome los latidos.
Y te amo así por las piezas que te forman, por la luz que arrojas cuando te ríes, por la forma en la que me besas las manos, por lo intraducible de tu mirada y porque nos hemos encontrado entre 8 millones de personas y somos la casualidad más bonita del planeta.

Hoy hace 26 días que se fue del país. 26 días cayéndome al vacío al despertar. Le acabo de escribir “hey, I miss you” + sonrisa, porque a veces se le olvida que le quiero.

Próxima parada: Forest Gate.
Salgo de la estación
y ya sólo estoy
a diez minutos de tu boca.
El corazón va más rápido que mis piernas
y se agolpa contra las costillas
buscando una salida
que dé a parar a tus ojos de gato.

Ojalá pudiera detenerme en estas ansias,
en este prefacio a la gloria,
en lo dulce y lo amargo
de saberte cerca sin saberte todavía,
en este quererte por anticipado;
y guardarme toda esta vida en el bolsillo.

Me tiembla todo y solo pienso
en la sonrisa que se expande en tus ojos
al abrir la puerta.

La ciudad me devora como los niños devoran el bollicao de la merienda

Si pudiera hacer algo útil
con todo este echarte tan fuerte de menos…

Algo como,
no sé,
construir un barco
para cruzar el mar Céltico,
y entrar triunfante en el verde de tus ojos
subida en la proa.

O tejerme un vestido de flores
con el que sentarme a esperarte
y que sonrías así como tú sonríes
cuando me pongo bonita.

Si pudiera hacer algo
con todo este echarte tan fuerte de menos,
que no sea mirarte ir,
soñarte volver,
llorar en los metros,
o caerme al vacío
cuando despierto y no estás.

Algo como
romperte los esquemas
que aún no tienes hechos,
contarte las arrugas que te salen en los ojos
cuando te ríes;
contar el recuerdo de tu cara
en los aeropuertos
y que todos los aviones
me lleven hasta ti.

Si pudiera tan solo
-los domingos por la tarde-
morirme de amor
en vez de morirme
de frío y de desasosiego…

————-

Como me vuelvas a escribir para decirme “how are you keeping”, te parto los huevos.

Aprender a decir “te quiero” en inglés con los ojos

Levantarme, vestirme y cruzar Londres a las 2 de la mañana para ir a buscarte, besarte los párpados, mandarte fotos desnuda, abrazarte y acariciarte hasta que caes rendido cuando llevas tres días sin dormir y un taxi te deja de madrugada en la puerta de mi casa tambaleándote, renunciar a una semana de vacaciones, dejar a otros por ti, gastarme un dinero que no tengo en cruzar arrebatadamente medio continente para besarte una vez más antes de que te marches, despertarte para que no llegues tarde, no hacer preguntas, aprender a decir “te quiero” en inglés con los ojos, remendar tus desastres, comprarte helado de tarta de queso, no llorarte por no dolerte, perdonarte esto y lo otro, aceptar compartirte y jugar a compartirme también, entenderte las líneas que nadie.

Y seguir deseando que me pidas algo más.
Deseando que seas lo suficientemente irresponsable y egoísta como para joderme la vida pidiéndome que me vaya contigo aunque no sepas dónde ni con quién te vas a despertar mañana.
Deseando coger aviones persiguiendo tus ojos. Cogerlos todos.

Si fueras un látigo me daría nueve golpes y me anudaría tu triza al cuello.
Porque danzas con los límites
pero siempre llegas a tiempo
para salvarme la vida.
Y no te amo pero tienes
el control más absoluto de mi pensamiento
y además eres
lo más bello que he visto en mi puta vida.

Vuelve, que me muero de pena de pensarme sin ti y me muero de ganas de comerte la boca y la risa y los ojos esos verdes que tienes de gato

El 16 de abril me abrió la puerta del número 60 de Godwin Road el resto de mi vida.

-Joder, joder, joder. Fuck, fuck, fuck.

Antes de cruzar el umbral ya sabía que los ojos que tenía delante iban a joderme la vida. Me enamoré como por error. Como quien se salta un escalón y se tropieza.
Le pedí a dios que hiciera algo.

Pero dios es un hijo de puta.