El corazón me suspira de alivio cada vez que la pantalla se ilumina con tu nombre

Tanto, tanto, tanto te echo de menos que me están saliendo alas para ir a buscarte y se me está abriendo en el pecho un vacío con la forma de tu nombre por esos abrazos de anaconda que me dabas -así como si pudieras meter mi cuerpo dentro de ti a base de empujarlo contra tu pecho-, y por esa forma en la que me agarrabas la carne de las caderas, como queriendo llevar el desnudo más allá, desgajándome la piel, para asomarte a entender todo esto que se me mueve por dentro.

Quiero decir que
me he tirado toda la noche leyendo a Orwell
y pensando en el verde de tus ojos,
en cómo se expande todo con tu risa,
en que ayer fue tu cumpleaños
y querría haberme emborrachado contigo,
en que te salvaría la vida
un millón de veces más,
a costa de mi pecho.

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