Hace un viento que duele

O estoy con él, o estoy cagándome en su puta madre porque no está conmigo.

Cada vez que me toca, crece una amapola en mi pecho de cicatrices, y me lo está poniendo todo perdido de flores.
Me da besos pequeñitos en los dedos y en los párpados con su boca de garabato, y después no me llama en dos semanas, el hijo de puta.
Y yo soñando con sus ojos de cachorro, amenazando al teléfono con la mirada, implorando a las paredes que por dios, por dios, por dios, no se haya ido para siempre.

Siempre vuelve cuando ya casi no me quedan ganas. Me pide perdón, me besa despacio y me dice que “cuántas, cuántas, cuántas ganas tenía de verte, es que no podía esperar más, es que, es que, es que…”
Mientras me trepan sus manos de enredadera.

Y yo me lo creo.
Porque tiene los ojos verdes y el pelo negro.
Porque viene de Irlanda, habla bonito y el cuello le huele a lluvia.
Porque no se ha afeitado esta semana y madre mía.
Porque me aprieta tan fuerte contra sí que pierdo el equilibrio y me mira como si no hubiera vida después de su boca.
Porque su sudadera de rayas es mi vestido favorito.

Entonces me dejo vivir el sueño y cuando cogemos el tren de vuelta a la vida por la mañana, rompo a llorar con el primer sorbo de café.

Anuncios

3 comentarios en “Hace un viento que duele

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s